De Yangshuo nos fuimos rumbo a Lijiang, pero antes tuvimos que pasar por Kunming, capital de Yunnan que significa algo así como Jade del sur. Como llegamos sobre la hora en bus a Guilin, tuvimos que subirnos a un vagón de tren que estaba lleno de chinos que comían, tomaban, eructaban, fumaban y meaban al son del lento (lentísimo) ritmo del tren.
Enfrente a nosotros teníamos a a un Chino muy parecido a Hiroshi, el padre de Sin Chan que no paraba de tomar cervecitas Tsingdao (¡mmm!, ¡rica Tsingdao!). Al lado de él iba uno que parecía su hijo que nos miraba fijo a todo momento… como todo el vagón, también iba una familia jóven con su hijo que meaba y cagaba en la papelera o en el suelo si no llegaba.
Nos pasamos todo el viaje intentando conseguir cambiarnos a vagón con cama, pero éramos mucho peleando por pocos lugares. En fin en las 18 horas más largas de mi vida, sentado en asientos de madera de 90 grados tuvimos la suerte de conocer unos estudiantes muy simpáticos, a la familia de al lado, inclusive al chino borrachín de enfrente que al final de cuentas también fue muy simpático y a unas catalanas que luego nos encontramos en un par de ciudades mas.
Al llegar a Kunming lo que nos pareció fue que habíamos llegado a otro país, caras raras, pipas de un metro de largo y anchas como las cajas de Pringles, musulmanes y etnias que hasta ése día no habíamos visto.
La ciudad no daba para mucho, aunque al día de hoy la recuerdo con cariño. Mezquitas, plazas decoradas de forma distinta que en el resto de la China que conocimos y lluvia, mucha lluvia.
Sólo estuvimos unas 18 horas pero nos dio para conocer gran parte de la ciudad y comer alguna que otra cosa.
[GP:Kunming]

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